domingo, 18 de febrero de 2007

El primer gol

Es curioso, pero a las fechas no las recuerdo bien. Tuvo que ocurrir cuando yo tenía alrededor de siete u ocho años. Quizá menos o tal vez un poco más. Pero no lo puedo asegurar. De cualquier manera no es importante.
Contrario a lo que ocurría con la mayoría de los niños quienes tenían como sus ídolos a Hugo Sánchez o al gran Cabinho y sus famosos y numerosos goles, mis figuras preferidas eran los porteros: Olaf Heredia y Miguel Marín quienes para mi eran grandes por sus reflejos y agilidad felinos.
Por eso, cuando jugaba pedía ser el portero. Así podía disfrutar medir las distancias, poner atención con el ángulo que se ataca y que debía cubrir; los reflejos necesarios para no ser sorprendido y los lances. Esos, los lances era lo que más me deleitaba: volar por los aires para impedir que un balón cruzara la puerta. Esa acción requería de velocidad, precisión, agilidad, reflejos y fuerza; todo concentrado en un instante. Por eso me resultaba fantástico.
Yo tuve muy claro durante mi infancia que lo mío, así, lo mío, lo mío no era ser delantero, ni medio, ni defensa. Cualquier otra posición que no fuera la de portero, no más no se me daba. Durante un tiempo sufrí esa situación porque ingresó a jugar el Paja, un niño que era un excelente portero, mayor que yo por dos o tres años. Cuando él llegaba al partido yo no tenía oportunidad de jugar mi posición preferida y tenía que pasar dificultades pateando el balón. El problema era que la defensa, la media y, sobre todo, la delantera, no más no las entendía. Lo intentaba y lo intentaba, pero nada de goles, no estuve ni siquiera cerca de meter uno. No entendía dónde ubicarme para sacar ventaja, no tenía grandes capacidades para el drivling, ni nada acercado a la fuerza y puntaría de Pata Bendita. Me sentía perdido en la cancha.
Pero hubo una tarde especial. Todos hemos tenido una de esas en la que los milagros suelen ocurrir. Aquel día sin entender de dónde, ni cómo tuve un gran logro. Jugábamos contra los niños de la calle de Arrayanes, con quienes teníamos un pique cantado y no habíamos podido sacar ventaja en los últimos cuatro encuentros. Nos habían aventajado y con mucho: 4-1, 5-2, 3-0 y 5-1. Teníamos que esforzarnos para sacar un resultado favorable. Yo estaba determinado a que así fuera; no importaba que no jugara de portero.
Me concentré en el juego y bromeando, mientras calentaba, me dije "esta es una buena tarde para meter mi primer gol". No importaba que Li estuviera de portero, ni que los altos defensas tuvieran fama de dejar pasar el balón o al hombre, pero nunca a los dos. Esta ocasión no me iban a detener.
A pesar de la insistencia de mis compañeros para que me quedara en la defensa central, me adelanté por la banda derecha y me mantuve arriba de la media cancha, presionando desde su salida. Desde los primeros minutos nos volcamos sobre ellos. Desde su cancha dificultábamos sus pases. Robamos el balón. Alex me vio descubierto y me mandó el pase. Corrí por él. De primer intención retrasé para Pepe y él regresó a Alex quien ya estaba en el medio campo. Avanzó y burló a Toño. Me adelanté a unos cuantos metros antes del área grande y Alex me dio el balón. Tuve que hacer un driviling no muy elegante para quietarme al defensa central quien se barrió y brinqué para que no me arrollara. Adelanté un poco el balón y sin pensarlo lo patee con toda la potencia de mí ser. Boló la pelota con fuerza. Li se lanzó con suma velocidad hacia su derecha, estiró todo su cuerpo, pero no pudo hacer nada. Rozando la parte baja del arco superior, la pelota hizo una "campanita" y rebotó ya dentro del área de gol todavía con mucha velocidad y terminó enredándse en las blanquecinas redes.
Mi entusiasmo era tan grande que me dejé llevar por el. Corrí y corrí con los brazos abiertos levantando las piernas lo más alto que podía y grité y grité y volví a gritar “Goooooooooooool", “Gooolaaaaaazooooooo", “Gooooooool".
A veces los milagros ocurren. Lo sé bien. Así como había imaginado el gol, así había ocurrido. Así fue como metí el primer gol en mi vida. Después vinieron otros. No muchos más, pero también me produjeron una profunda alegría, mas ninguno como el primero. Regresé a la puerta por elección propia y hasta que empecé a jugar basket ball me mantuve haciendo grandes lances.

viernes, 26 de enero de 2007

Finalizó diciembre

— Why did you have to die?
— Makes life important
SFU


Tener comienzos y finales parece que me acomoda. Voy por la vida marcando ciclos. Inicios y finales. ¿A qué se deberá tan curiosa inclinación? Estos cortes cronológicos a veces los baso sobre sesudas reflexiones racionales; aunque no necesariamente. También han sido meramente el resultado de un capricho plenamente subjetivo e irracional. Las religiones me brindan un inicio al que previo a él no había nada (la idea es divertida, ¿a poco no te lo parece?). Esa idea cumple una función importantísima: me soluciona las cosas —aunque también el efecto puede ser el contrario, right mister Sagan and mister Hopkings?—; con ella ya no tengo qué pensar de dónde vengo. Con ella parto de una premisa segura: “Vengo de tal lado”. Eso es de lo mejor. Cualquier mito de origen da ese referente primigenio. Ya sea el Génesis o al maridaje entre Brahma, que se divide en todos los seres vivos para experimentarse, y Shiva, que todo lo va destruyendo; o el bonito mito del Omeyocan (cuya traducción literal es el lugar de la dualidad o el lugar doble), de donde todo proviene gracias a las riñas y reconciliaciones del Señor Dual y la Señora Dual, que en buen náhuatl sus nombres son Ometecuhtli y Omecihuatl, respectivamente, o cualquier otro mito de origen, que aquí pa’l caso es igual.
La cosa es que ese referente primigenio me da argumentos de plantarme en el presente y lanzarme hacia mi visión de futuro. El referente, el corte, el ciclo, me ayuda, porque previo a él no cuenta. Una frescura de renovación en medio de la resequedad y los vientos ardientes de mayo.
Periodos arbitrarios, fines e inicios que sólo existen en la cabeza de quien los piensa. Necesito de cortes temporales, de ciclos para dotarlos de significado, como a todo en esta existencia. Un inicio: de año, de mes, de semana; periodos, ciclos… motivos, razones, justificaciones, acciones, promesas, buenas voluntades. Pero también, esa buena voluntad, implica también un final. Una orilla después de un océano turbio, gris y oscuro. Todo uno implica previo un cero, todo inicio implica tambíén un final; un nuevo renacer es una posibilidad, algo desconocido que puede ser tan o igual de nefasto que lo conocido, pero también lo contrario. Una posibilidad de ver la luz.
¿Será el efecto que nos produce el amanecer? Esa diaria promesa de que cualquier cosa puede volver a empezar y que cualquier cosa termina. Abundan aquí en la tierra los inicios —y los finales— de los ciclos. Un día, una noche, un día. Decir que el sol sale cada mañana, en realidad es una afirmación falsa desde el punto de vista astronómico, pero ¿a quién le importa? Para construir la realidad no hacen falta verdades objetivas (como si en realidad existieran), las falsedades son igual de eficientes en cuanto a sustento de creencias. Dijo Weber que con la modernidad se desencantó al mundo, pero esa afirmación es igual de falsa a la de que el sol sale cada mañana. No ha habido ningún desencantamiento, e incluso, ahora, la ciencia produce axiomas en los que hay que creer ciegamente.
En medio de esa luz enceguecedora, o de esa penumbra tan esclarecedora es delicioso creer que todo puede volver a comenzar.

lunes, 8 de enero de 2007

Canto al Ángel

No fui yo quien decidió, sino fuiste tu quien me eligió para estar cerca de mi, al pendiente durante este recio camino que quise recorrer. ¿Qué te movió a tomar tal laudo? ¿Qué hice para merecer tan gran favor? ¿Sería la dama gentil que intercedió por mí? No lo sé. Tal vez fue mi expresa petición premundana. Sea como fuere me postro ante tu magnánima bondad y generosidad. Pues muy probablemente sin recordar, siquiera, mi rostro y apenas sabiendo mi nombre y unas cuantas palabras me has derramado ya tu ancho raudal de elocuencia.
En mi mundanal conciencia me interrogo ¿qué es lo que obtendrás por esta nobilísima labor, si nada recibes de mí, ni de mis otros? ¿Es acaso esta franca sonrisa? ¿Es quizá este entrañable abrazo? ¿Por esta caricia en tu rostro? O ¿será sólo por el beso amoroso que recibe tu mejilla? No es desdeñable, en cambio sí es loable tus desinteresadas expresiones de amor.
Tus pasos son distintos, tus huellas marcan la diferencia. Un puño de tierra lanzada por ti detiene la ira del perro trifásico y las aguas del río Leteo no producen olvido, sino el recuerdo prolongado de la existencia que se extiende más allá de la vida.
No hará falta Beatriz para cruzar la puerta custodiada por Pedro y no habrá el giro de Virgilio, quien por haber nacido antes del ritual para perdonar el pecado original, no puede conocer la gloria, pues tu de ella vienes y a ella me acompañas.
La dicha llena mi corazón, por contar con tan amable compañía. No quiero pedirte sino agradecerte por tu luz. No quiero pedirte sino ofrecerte mi pasión. No quiero pedirte sino invitarte a danzar alrededor de la hoguera mientras te canto mis alegrías y mis tristezas que me presenta esta la vida.

martes, 21 de noviembre de 2006

Carnaval

Solo pude verlo pasar. Mis brazos no alcanzaron ni la cauda de su viento. Grité su nombre y el aire trajo palabras vacías llenas de quejosas razones. Doblé la esquina y todavía lo vi ocultarse detrás de una máscara y enfundarse en un disfraz desgarrado.
Tropezó, en su premura, con las cuerdas que sostenían la polvorienta carpa del ruinoso circo. Apresuré el paso. Crucé el pórtico que soportaba con focos quemados la palabra “Carnivàle”. El polvo se levantó con un viento reseco y frío. Salió volando mi sombrero. Cuando pude abrir los ojos un enano desfigurado detuvo mi paso. “Tu no quieres entrar aquí. Vete. Dame la espalda y vuelve tu andar. Aquí no encontrarás sino muros helados, desencanto y desolación. Vete, tu no eres de aquí. Regresa a tu mundo. No traigas tus palabras, aquí no te queremos escuchar”. Rechinó su voz como un gis reseco sobre un pizarrón viejo. Solo lo vi, no pronuncié palabra y seguí mi camino.
Ojos fundidos salían de los carromatos para mirar mi marcha. Lamentos y amenazas me perseguían. Sentía como desde la oscuridad se iban acercando gritos alienados y carcajadas amargas. La luna quedó oculta y todo fue noche.
Corrí la manta. El público silente compadecido no se movía. Las luces moradas mortecinas iluminaban sus cuerpos decrépitos y rígidos. Llegué justo en el momento en que se arrodilló temblando de miedo frente al Payaso. Miró fijamente la mano apretada y callosa que sostenía el látigo. Sí, supe que disfrutó el chasquido que hizo el látigo en su piel lacerada de años. La audiencia brincó. “Ya no, déjalo, pobrecillo”. Llantos lastimeros y desgarradores salían a una sola voz, como coro griego. “Ya no, déjalo, perdónale su culpa”. Él levantó su cara miró a su verdugo. Sus puños apretados a la altura del pecho cayeron después del primer golpe. Los volvió a juntar y a apretar, un nuevo chasquido le fue prodigado con desprecio y uno más.
“No más por hoy, sal de aquí. Pero sábelo bien, regresarás mañana. Iniciaré el espectáculo contigo”. Dijo el payaso y él corrió a su celda y empezó a limpiar un pulcro caldazo con el estómago apretado. Sus manos asépitcas pulían los barrotes con desesperación. Reía mientras relamía el piso y tallaba con su puño envuelto con el girón de su manga la invisible mancha que vio en el piso.
Abrí la puerta de su celda. Quise abrazarlo. Se arrinconó y mordió con terror el nudo de la soga. “Vete, no te quiero aquí. Vete, sé quién eres. Lárgate. Déjame aquí, mis llagas supuran pus; mis lágrimas son dulces. Mi sepulcro está listo. Déjame solo. Quiero morir en paz. Aquí está limpio, no hay nadie, sólo yo y así quiero estar. El cadalso está listo; ya comprobé la palanca, funciona bien. Pulí las escaleras y el nudo es seguro”.
Sus ojos temblaban al mismo ritmo que su cuerpo. Le tomé las manos. Quiso sacarse. “No, ya no. Estoy aquí”. Lo levanté lo miré fijamente y corrieron sus primeras lágrimas. Lo abracé y salió el bramido más claro y profundo desde los rincones más distantes de sus entrañas.

martes, 3 de octubre de 2006

Vida detenida

Las mismas calles estáticas y ruidosas se han llenado de mayo. Un mayo que ya es septiembre. Un septiembre de verano enlazado con el otoño y un sabor a polvos resecos primaverales. Las semillas envueltas en espinas llenan el ambiente y lo vuelven denso. El viento enervante invita a ser descrito y el cursor sigue rebotando estúpidamente en la única ventana abierta. Ventana silente de abismos inframundanos.
¿Es que acaso se quedó dormida la vida? ¿En su crápula olvidó continuar con su transcurrir obligado? ¿O seré solo yo? ¿Estancado en aguas podridas de fermento de huizapoles?
Semilla aferrada a una piedra inerme; coamil arado con capas de sal. ¿Bastará una inyección de adrenalina hasta el fondo de un solo golpe al corazón?
Llueve en otoño sobre las mismas calles de mayo. Llueve. O ¿será el viento quien me engaña? Allá afuera la vida parece detenida expectante a colgarse de los ojos del poeta para que la nombre.
¿Se rehusará? No lo sé. Puede ser que encienda los penates con flores resecas de belladona y haga surgir del silencio una voz.

lunes, 18 de septiembre de 2006

De la magia y la hermenéutica

Planteo mis respuestas en dialéctica con Yohualli que vive en Eltham, Londres donde el fascismo lleno de miedo se afana en seguir marginando la diferencia.
Es precisamente gracias a la hermenéutica que eso que damos en llamar la “realidad objetiva” frente a nuestros ojos se ha hecho añicos. Lo que antes eran objetos duros, terminados, inamovibles, expectantes a ser reducidos a leyes que los explicaran, han perdido su dureza, en tanto resultan ser construcciones del sujeto. La dualidad entre sujeto-objeto se ha debilitado. Sus fronteras se confunden y el sujeto no puede sino reconocer que está construyendo su objeto, que es, al mismo tiempo, el sujeto en afanosa búsqueda.
Sí, es mi mente la que se interesa por la hermenéutica, una mente racional que emplea el lenguaje, pues sólo tiene el pensamiento racional para aprehender “la realidad”, siempre como un medio limitado, pero medio al fin y al cabo. El Ser es más que razón y pensamiento; se sabe parcialmente privado de su libertad por las palabras; pero, al mismo tiempo, es conciente de que es el medio para dar sentido y orden al caos que está frente a nosotros. Pero es también la cualidad de limitación e incompletud de las palabras, por más contradictorio que esto pueda resultar, las que sirven de trampolín para lanzarse a encontrar la libertad ontológica. Porque Saussure no puede tener razón. La noche no es solo un concepto, la noche es; más allá de, night, noite, nuit, nacht, y yohualli misma, a ella le importa un bledo el apelativo con el que el ser humano la llama, porque ella es.
De acuerdo a nuestra condición humana, las verdades vienen con fecha de caducidad (y la hermenéutica en este sentido se regodea). Aunque no ocurra así para las religiones: las verdades son inmutables, eternas. Han estado ahí desde el momento mismo de la creación y sólo han esperado a ser descubiertas por el ser humano, que gracias a la voluntad de los dioses —que él mismo creó— las puede vislumbrar. Pero hay muchas religiones y muchos dioses con diferentes caras, atuendos, pareceres y tradiciones, así como un sinnúmero de formas de adorar ¿Será que hay muchas verdades? Prefiero darle la espalda a los fundamentalismos; me gusta más creer que vivo en un mundo que es soportado por una tortuga, y debajo de esa tortuga, hay otra y otra y otra ad infinitum.
Por eso, gracias a la hermenéutica dejé de estar dividido en pensamiento y alma, en cuerpo y espíritu, en razón y pasión; así, no cejo en mi empeño de abrir mis ojos para conocer en esta mi condición humana, sin pretensiones de neutralidad y envuelto en mi tradición de la cual pareciera que es imposible salir. Así, el mundo no ha dejado de ser mágico ni la noche ha dejado de embriagar a la razón; en su oscuridad le muestra sus alcances y sus posibilidades, pero también sus limitaciones y su reduccionismo.

Fuerza Yohualli que en tu diferencia has encontrado el poder de tu identidad.

viernes, 15 de septiembre de 2006

Salud por el desatino

Por mera casualidad me encontré con el blog de una chava que se hace llamar Yohualli. Me pareció muy curioso que adoptara tal nickname y que a su página la haya direccionado como Yohualli tormenta, aunque la titula como Et-am; mi curiosidad y asombro fueron en aumento cuando leo algunos posts que hizo sobre Syd Barret y Pink Floyd, a quien también yo le dediqué modesto tributo, cuando la vida se le fue más allá de sus límites.

Por un momento sentí el encuentro de una alma gemela (como si eso fuera real) y me sentí cobijado de un pequeño temblorcillo en el plexo solar. Los intereses que manifiesta tener son el shamanismo, las culturas ancestrales, la medicina tradicional, el cambio dimensional del planeta, etc. Temas que otrora para mi eran caros y que recuerdo con mucho cariño el tiempo cuando estaba empecinado en lecturas de Carlos Castaneda, el budismo, la onda new age, el shamanismo y los efectos de las plantas alucinógenas. Era un tiempo mágico el que vivía; rodeado de posibilidades supramundanas.

Llegó un momento en que mis intereses cambiaron y mis ojos se abrieron frente a una creciente complejidad que mostraba eso que damos en llamar realidad. La cultura, la hermenéutica y el lenguaje se volvieron aún más caros para mi, pero articularon lo que fue con lo que ahora es.
La mujer dice pasársela entre Londres y México; tiene desde junio que no escribe y lo más reciente que subió fue su “pequeño tributo” a Syd Barret. Muchas coincidencias unidas por La Noche Yohualli. Esa oscura, que no muestra su rostro; esa que cobija los actos de los amantes; esa que permite ver las estrellas; esa que se rehúsa a despojar de su sentido onírico, mágico y espiritual al mundo moderno. Porque por más razón que haya, siempre vendrá la noche para embriagar a la razón.

No sé si sentirme un poco menos marginado o bien, compadecerme de la marginación que vive Yohualli.

Ella escribió un poema que me gustó y que ahora plagio, o más bien, no plagió sino que copio aquí como un tributo al desatino que comparten, al menos en alguna medida, por más pequeña o grande que sea, un par de seres en este planeta.

Yohualli, la noche
la noche en cada instante,
la noche dentro de mi
la noche en el parque
la noche y un cuarto de hotel
la noche y tu cuerpo
la noche y el mar
la noche, luces rojas
la noche, yohualli
la noche y mi árbol
este es mi cuahuitl,
pero solo de noche....

lunes, 11 de septiembre de 2006

Agosto

Hay motivos para festejar. Pero agosto nunca ha sido un mes bueno para mí. Muchos de mis momentos más aciagos han ocurrido en ese mes. Quizá es el verano, estación que no tiene sentido en México. Acá sólo hay dos temporadas en el año: las lluvias y las secas y ese mes las divide. En agosto el calor no ha menguado todavía y llegan las moscas y los zancudos patones que ahuyentan el sueño. O tal vez son las lluvias que con timidez comienzan a desperezarse y no acaban por disminuir las altas temperaturas.
En agosto me han desquebrajado el mundo. O yo lo he hecho pedazos. En agosto lo he dejado todo por un horizonte igual de incierto que la caída. En agosto los pensamientos se arremolinan, especialmente en los ocasos nubosos, lilas, grises, rojos de realidades dobles en los que la línea del horizonte se eleva más allá de la tierra y se confunde con montañas inexistentes. En agosto se tuercen y desvanecen los sentidos que afanosamente voy construyendo. Agosto ha sido de partidas, de marchas, de peregrinaciones, de despedidas. Pero nunca de esclavitud con amores amancillados de rostros desfigurados y amoratados. En agosto no ha habido besos con bocas sin dientes, ni caricias de cuerpos vacíos y sin almas. A veces la libertad duele, pero prefiero el dolor que producen mis decisiones.
Desde fines de julio inicié mi vigilia. Expectante para ver por dónde saltaba la liebre nefasta de agosto. Intenté acortar las noches con Six feet under, con músicas y con lecturas de libros viejos. Cigarros, muchos cigarros y café, abundante café para mitigar el sueño que arreciaba a las seis de la mañana. Era inútil el garrote debajo de la cama; sería igual de inservible una pistola en el cajón del buró. El aumento de las chapas y broches en la puerta eran infructuosos. Todo eso lo sabía. Nada podría detener a esa liebre que en el momento más inesperado me asaltaría.
Me podría poner newager y agradecer que sigo vivo aquí en esta tierra. Que puedo ver el sol por la mañana con ojos resecos y arenosos que han permanecido abiertos toda la noche; podría adoptar mi máscara budista y creer que me llegó la iluminación al tomar conciencia de que con su vuelo errático, una monarca pudo llegar desde Canadá. O simplemente podría poner a Pearl Jam y cantar con el mismo coraje y fuerza que Edie Veder “I’m still Alive”. Pero no. Agosto es un mes aciago; igual a un nemontemi del que hablaban los mesoamericanos.
En los breves instantes que dormitaba, siempre un mismo sueño. La casa blanca, blanquísima, al borde del precipicio. El horizonte abierto no era obstaculizado por muro alguno; pero en el resto de la casa no había puertas ni ventanas. La salida única era el vacío el viento y la caída incierta. Incierta en el destino; incierta en qué habría de parar el descenso; incierta porque incluso sería posible caer hacia arriba. Volar. Pero el vuelo sería igual de incierto.
Pasaban los días de este agosto denso, pesado, cansado. La liebre no saltaba. Pensé por un momento en la posibilidad de que su fatalidad podría haberse hecho recuerdo y que había quedado plasmado con óleos resecos y quebradizos en un lienzo viejo y amarilloso. Pero por ningún motivo bajaría la guardia (a pesar de que no sirviera para nada).
Podría festejar este uno de septiembre. Emborracharme y dormir el sueño atrasado. Agradecer que agosto no haya traído nada esta ocasión, más que vigilia y que haya sobrevivido a agosto.

miércoles, 12 de julio de 2006

Un momento trascendente

Sin lugar a dudas, estamos atravesando un momento importantísimo de nuestra historia. Estamos ante un proceso que puede significar, no sólo un paso importante para el fortalecimiento y la consolidación democrática en México, sino el inicio de algo mucho más amplio: el fortalecimiento en la credibilidad y en la legitimidad de las instituciones. Un tiempo que puede quedar registrado como el que los ciudadanos contribuyeron a que, por primera vez en su historia, por encima de la ley no hubiera nadie: ni presidentes que exhortan a la unidad nacional y al mismo tiempo califican, irresponsablemente, de “renegados” (sin tener la menor idea de lo que esa palabra significa) a un sector de la población —que ciertamente no es una minoría aislada—, ni ricos empresarios que quieren imponer a un candidato y emplean prácticas ilegales para llevarlo a la presidencia, ni la elite neoconservadora que quiere exprimir a este país a costa de la miseria de la mayoría.
Podríamos ser los testigos presenciales y los agentes que velarían porque se respeten las instituciones y, con ello, provocar que el estado de derecho no sea sinónimo a una aplicación selectiva y mañosa de las leyes y a una práctica de las instituciones que sólo beneficia a quienes están encumbrados; sino que estado de derecho signifique la seguridad de tener los bienes materiales e inmateriales necesarios para llevar una vida plena, libre, segura; para decirlo llanamente, que el estado de derecho tenga como finalidad asegurar el techo, la comida, la educación, el vestido, la seguridad y la libertad, para todos; no uno que tolere la desigualdad, uno que permita que unos pocos tengan mucho y que muchos vivan en la miseria.
La cultura de ocultamiento, engaño, desconfianza e incredulidad que permea nuestro actuar en sociedad tiene raíces muy profundas en nuestra cultura. No viene al caso, en este momento, tratar de explicar este fenómeno históricamente, baste decir que vivimos más de 70 años en los cuales no se respetó el sufragio de los ciudadanos para elegir a sus representantes. No es descabellado, pues, que creamos perfectamente posible que en el proceso electoral del pasado 2 de julio, una vez más, no se esté actuando de manera legal y respetando las decisiones de los ciudadanos. Sino que se quiera imponer, por las cúpulas tradicionales del poder, a un candidato que no eligió la mayoría. También es perfectamente comprensible que no confiemos en las instituciones, ni que se aplique la legalidad, porque no existen razones históricas para hacerlo.
De ahí que los hechos que vivimos en la actualidad sean de trascendental importancia para todos nosotros, no sólo para los que se pintaron de amarillo, azul o verde, sino también para los que decidieron pintarse de otro color e incluso para quienes se inclinaron por la botarga, para los que anularon su voto y para quienes no acudieron a la casilla a ejercer su derecho.
Desafortunadamente, la clase política neoconservadora no alcanza a entender este proceso. Prefieren tener el poder a toda costa, sin importarles la transparencia, la legalidad, la credibilidad en las instituciones y la endeble gobernabilidad que existiría en caso de que no se limpiara el proceso electoral y quedaran aclaradas todas las dudas que surgieron. No, prefieren seguir infundiendo miedo a la sociedad, descalificar, negar, cegarse.
Tener conciencia de la importancia de este proceso motiva nuestra responsabilidad como actores políticos y sociales. No sólo para aquellos formalmente instituidos o sea para aquellos que ocupan puestos de decisión, sino para todos los ciudadanos de a pie, que somos la mayoría, pero que tenemos una responsabilidad mayúscula de lo que ocurra en este país, pues de nosotros depende que se respete la legalidad, las instituciones, el estado de derecho y que debilitemos la desconfianza, el engaño y el ocultamiento.

martes, 11 de julio de 2006

Shine on


Remember when you were young, you shone like the sun.
Shine on you crazy diamond.
Now theres a look in your eyes, like black holes in the sky.
Shine on you crazy diamond.
You were caught on the crossfire of childhood and stardom, blown on the Steel breeze.
Come on you target for faraway laughter, come on you stranger, you legend,
You martyr, and shine!

You reached for the secret too soon, you cried for the moon.
Shine on you crazy diamond.
Threatened by shadows at night, and exposed in the light.
Shine on you crazy diamond.
Well you wore out your welcome with random precision, rode on the Steel breeze.
Come on you raver, you seer of visions, come on you painter, you piper,
You prisoner, and shine!

Syd Barret In Memoriam


Nada opacará tu brillo ahora Crazy Diamond. Ya el manto gris que aquí todo lo cubre lo has dejado atrás, pero no sólo eso, también le infringiste razgaduras a traves de las que podemos vislumbrar algo del brillo de lo que es. Ese brillo tuyo Crazy Diamond seguirá inspirando y alimentando imaginaciones, inventivas, creaciones.
Descansa Syd, pues ahora ya ni el aire te limita.

martes, 4 de julio de 2006

Ahí están sus changarros pues

Estaba convencido de antemano. Era un republicano irredento. Lo era incluso desde el vientre; lo mamo de su madre y lo escuchó de su padre en palabras que todavía rebotaban en el líquido amniótico. Por eso, cuando se prestó a participar en el experimento en el que le leyeron la actividad cerebral mientras veía una selección de mensajes contradictorios de su don George, no era la zona del razonamiento la que arremolinara la sangre, sino una más profunda, la afectiva. Su presidente se contradecía, pero el cerebro de Jimmy no hacía el más mínimo ejercicio de lógica racional y no se percataba de la mentira. Pero lo más relevante que demostró el experimento no fue sólo que Jimmy no usara su razón cuando escuchaba al líder de su partido, sino que tampoco lo hacía cuando escuchaba los discursos del demócrata; su rechazo sentimental se encendía sólo con ver el rostro de aquel personaje.
En el experimento no analizaron lo que ocurre en los cerebros de las personas que no tienen filiación partidista, que de seguro es la mayoría; quizá es mucho suponer que la reacción es distinta. Es partir de la hipótesis de que se escucha el mensaje, que se interpreta, que se interioriza, pero que también se contextualiza, se analiza, se critica…
Horkheimer legó la idea de que la televisión es una caja estúpida que idiotiza y descerebra a quienes la ven, crea los consensos necesarios para mantener la cohesión social y la conservación del status quo. Luego, desde Inglaterra, John B. Thomson sostuvo que en los mensajes transmitidos por los mass media interviene también el receptor; es decir, quien observa el mensaje no es un cerebro vacío que asume, sin chistar, lo que se le está comunicando, sino que hay una serie de filtros intelectuales, racionales, culturales y contextuales de parte de espectador, con los que interpreta el mensaje. Quizá la hermenéutica profunda no contempló una interpretación de mensajes masmediáticos en una situación crítica, en la que los sentimientos de amenaza y temor se ciernen en las estructuras sociales.
Recién ha terminado, por fin, más de tres meses en que los medios masivos de comunicación estuvieron inundados por la propaganda política de los que querían ser elegidos para gobernar este país. Todo un festín para las compañías publicitarias y para los medios masivos de comunicación. El espacio público fue abarrotado con todo tipo de publicidad política, ya sea la televisión, el radio, los periódicos e Internet estuvieron colmados con frases pegajosas, caras de políticos sonrientes, sin corbata y con las mangas de la camisa arremangadas, como de esos ejecutivos que quieren dar la impresión de trabajar mucho. Pero no sólo el espacio público estuvo inundado. La agresividad de los políticos fue tan nefasta que invadió el espacio privado. No pasó una semana sin que por mi colonia transitara más de una camioneta portando altoparlantes con sonidos chillantes invadiendo hasta el último rincón de la intimidad. No sé cuántas veces recibí llamadas de un par de partidos políticos pidiéndome que les favorezca con mi voto. Con un buen derrame de bilis les exigí que no llamaran a mi casa.
Le creí a Castells cuando sostuvo que los comerciales publicitarios no producen necesariamente una compra; sino que más bien es una lucha por ocupar un espacio simbólico privilegiado para mantener entre la población la presencia de los productos y marcas comerciales. Analicé con cierta profundidad ese fenómeno y concluí con una risa socarrona. Pero ahora ya tengo mis dudas, quizá el temor puede producir compras de productos que realmente no se quieren y que al adquirirlos se justifica la acción con un complaciente “bueno, voté —perdón, quise decir compré— [por] el que creía que era el menos peor”. Esos votos muestras que nuestra democracia pende de un hilo, y que puede haber una enorme mayoría que prefiera una dictadura, a cambio de tener asegurado el pan y el techo. Esto sin duda es muy peligroso.
Me ha invadido una profunda incertidumbre. No creía que las campañas electorales se ganaran con publicidad masmediática. Tampoco creía que los mensajes que infundían miedo entre la población tuviera un efecto tan poderoso. Sectores de la población que yo calificaba como críticos y de mentes abiertas se fueron por una opción que ideológicamente no les es compatible. Apostaron por una supuesta estabilidad política, social y económica. La golpeada y famélica clase media, esa que soporta el peso más fuerte de los impuestos; esa, la castigada por los gobiernos conservadores es la que se alía, paradójicamente, con sus opuestos de clase social. Fueron ellos, la clase media, la que quiso creer cuando se le dijo que podían perderlo todo. Creyeron cuando les dijeron que les iban a subir los impuestos. Creyeron cuando les dijeron que se ahuyentaría a la inversión extranjera y que se perdería la democracia. Creyeron cuando les dijeron que México se convertiría en Venezuela. Creyeron cuando les dijeron que iba a perder sus pinchurrientas casas de interés social a costos de residencias, sus automóviles, los poquitos bienes que han reunido con tanto esfuerzo. Creyeron cuando les dijeron que otra opción era un peligro. Creyeron cuando les dijeron que todo iba a mejorar. Creyeron cuando les dijeron que otra opción era un peligro para el país.
¿No hubo irrigación sanguínea a las zonas donde se radica el racionamiento? ¿Fue el miedo el que triunfó? No me deja de sorprender que los profesionistas esforzados en sus trabajos con sueldos de miseria, ellos que leen periódicos, que ven los noticieros de la noche, que tienen conexión a Internet, que tienen correo electrónico y ven pornografía a escondidas en la chamba, ellos que son el selcto grupo de gente informada haya creído el discurso que infundía miedo.
Es esa clase media esforzada la que tiene prácticamente cancelado el camino hacia las altas esferas de poder económico y político y lo paradójico es que está apoyando al sector social que le cierra el camino. Es realmente sorprendente que se quieran conformar con el apoyo a los changarros, porque es lo que este gobierno y el que sigue le destina a la clase media. Eso y soportar el peso de los impuestos —ya lo había dicho, pero no deja de calarme muy hondo—. Esta clase media, producto del capitalismo es el agente político que hipotéticamente es el más dinámico de toda la sociedad, pues es el origen del movimiento, al tener necesidad de abrirse paso hacia las altas esferas de poder que se le manifiestan cerradas; pero contraria y paradójicamente apoyan al conservadurismo. Indudablemente este país es sorprendente. Las clases de historia de la primaria, secundaria y preparatoria nos pasaron de noche. Porque esa historia, la oficial, la que aprendemos en las escuelas, tiene una orientación profundamente liberal y explica como durante el siglo XIX la emergente burguesía de este país luchó para quitar el poder a los rancios cotos de poder conservador de este país, pero lo que no se dice es que esa misma clase liberal es ahora la conservadora, pues se alimenta de la falta de movimientos, de la conservación del stablishment tal cual está.

lunes, 3 de julio de 2006

Charco turbio

Fueron poco más de 7,200 seleccionadas aleatoriamente en todo el país. Un selecto grupo de científicos, con reconocimiento internacional, mediante complejísimos cálculos matemáticos, socioeconómicos y demográficos decidieron lo más cercano a una síntesis de la heterogeneidad.
— El resultado rápido no permite ver una tendencia clara.
— Pero sí puedo entender que hubo empate, sí puedo entender que 36.37 y 35.40 representan una diferencia de menos de 400 mil y que se necesita contar uno por uno los papeles, para tener un resultado definitivo. ¿No me puede decir eso?
— Prudencia. Mejor después les digo. No coman ansias. Vamos a vaciar en las mesas las cajas y a hacer montoncitos los papelitos.
— ¿Es muy grande la mesa?
— No, bueno, van a ser varias mesas. Tenemos un grupo de trabajadores muy profesionales que realizará la tarea con especial cuidado y completa imparcialidad.
— Uno, dos, tres…
— Oiga, y ¿Cómo pa cuándo?
— Pos el miércoles es muy poco tiempo. A lo mejor el viernes… Cuatro, cinco, seis…
— Oiga pero ya se están manifestando algunos como triunfadores.
— Siete, ocho, nueve… Pos ¿qué quiere que haga? yo les dije que no lo hicieran, pero no me hacen caso. Sea como sea, lo que yo les diga será la última palabra… Diez, once, doce…
— ¿Y si sus palabras tienen el mismo efecto que lo que le hace el viento a Juárez?
— No, no puede ser. Yo soy la máxima autoridad. No se preocupe. Mejor ya déjeme contar.
— Pero no le hicieron caso. Uno dijo que “exijo” y el otro que “va a corroborar”. Luego, estuve viendo en Internet que tal porcentaje, y más al ratito que tal resultado. Cambiaban las cifras, pero no las diferencias. Hasta en la madrugada ví que se movieron tantito y ahora en la mañana la cosa está más peliaguda.
— Sí, le digo que no se puede decir todavía nada.
— Oiga, pero no me contestó por qué no había dicho las cifras. Todos queríamos escuchar eso. Numeritos. Tanto para Fulano, tanto para Zutano. A continuación me explica porque no puede determinar un resultado definitivo. Le juro que puedo entender eso. Sí me cabe en la cabeza que el resultado fue tal, pero no es, por ningún motivo, definitivo, porque hay necesidad de contar papel por papel otra vez, para no cometer errores.
— Pos eso fue lo que les dije, sin mencionar cantidad alguna. No me puedo permitir ser imprudente.
— Y hablado de imprudencias. Los números son muy fríos ¿verdad?
— ¿Por qué lo dice?
— No, es que estaba sacando cuentas… Ire, según dice usted, hubo una participación de casi 60 por ciento, ¿eda? Entonces, eso, según yo, viene a ser poco menos de 40 millones. Luego, de esos que fueron los que se pintaron el dedo café, sólo 14 millones, más o menos, son los que van a componer “la mayoría”. Es decir, ni un quinto del total. O sea, ni un quinto. Por otro lado, es muy significativo que casi el 2.15 por ciento se haya inclinado por “ninguno” y el 0.73 por “otro diferente a los enlistados”. Si los sumamos casi forman el 3 por ciento, del total, o sea alrededor de 1 millón 200 mil, que no es poca gente.
— Así son las democracias modernas.
— Sí, es verdad, nadan en un charco de legitimidad bastante turbio. Pero eso sí, mal dicen que ganó Fulano, se presenta en la tele y saca sus mejores palabras y se pone bien incluyente: “que vamos todos para acá… que un voto de confianza… que dizque concordia” —es bonita la palabra, ¿eda? “Concordia”, un solo corazón—. En fin, la gente sigue en su trajín cotidiano, nomás viéndolos en su pedestal, sin báculo.
Esperaremos nuevamente seis años para que el espacio público se llene con frases pegajosas y vacías que hartarán hasta el más paciente. Ellos recordarán otra vez que su labor es convencer de su opción, pero nada más.
— Ey, le digo que así es. 225, 226 227…
— No me estaba escuchando ¿verdad?

viernes, 12 de mayo de 2006

Los migrantes y lo políticamente correcto

Lo políticamente correcto usualmente es bien visto. O mejor dicho no es visto, por que tiende a ser la media en las relaciones sociales, es decir lo que comúnmente hace la mayoría; lo que resulta visible es lo políticamente incorrecto.
El día primero de mayo fui políticamente correcto: no compré nada de procedencia gringa, y para asegurarme de no caer en la tentación preferí no comprar nada; salvo unos faros que se hicieron necesarísimos cuando llegó la noche. Visité algunos establecimientos de franquicias gringas como McDonlads, KFC y Wal-Mart para ver qué tanto se habían perjudicado por el boicot, acá de este lado. Pero al menos desde fuera no pareció afectarles mucho. Todos tenían clientes. Lo mismo ocurrió en el Starbucks, cuya sucursal de Terranova y Pablo Neruda estaba atestada de los típicos niños y niñas bien de la zona bebiendo Frapuccino Caramel o su café latte helado. Me interesaba saber el efecto económico del boicot. Pero no fue cuantificado en nuestro país. Del otro lado, se habla de 12 millones de dólares, de un montón de negocios que cerraron por la ausencia de los trabajadores, otros tantos que estuvieron funcionando a medio gas, con la mitad de los trabajadores.
No creo que el resultado haya sido una novedad, ni tampoco creo que las autoridades gringas no sepan lo que económicamente representan la mano de obra barata que aportan los migrantes, ni que su nivel de consumo sea importante para la economía de aquel país. Tampoco creo que los gringos quieran deshacerse de los migrantes. Más bien todo lo contrario. Quieren reafirmar su autoridad en tanto tienen la capacidad legal de expulsar a todo aquel que llega a aquel país sin papeles, con lo cual los mantienen en la clandestinidad, cosa que resulta económica y políticamente muy redituable y de paso se evitan lidiar con una serie de problemáticas de atención social.
Es sorprendente la convocatoria de la comunidad latinoamericana en Los Yunaited. Las marchas multitudinarias se dieron no sólo en ciudades como Los Ángeles y Chicago, donde la población morena del sur del río Bravo es numerosísima; sino también en Dallas, Nueva York, Washington… En algunos partes, como Nueva York, la marcha se vio enriquecida por el sector musulmán e irlandés. Los lectores de las noticias hacían referencia a que esa marcha era tan importante como la encabezada por Martin Luther King cuando los afroamericanos (buen apelativo para seguir con lo políticamente correcto) tomaron las calles del Deep South y del este de los Estados Unidos para reclamar sus derechos humanos.
Las imágenes que transmitió CNN fueron muy elocuentes. Las banderas que más abundaron fueron las de las barras y las estrellas y las mexicanas. A ojo de buen cubero, mi impresión fue que las primeras fueron más numerosas. Las pancartas de repudio a la reforma esa que está entrampada en el senado fue de las más socorridas. También pedían amnistía. ¿Amnistía? Sí. Pero no entendí cabalmente de qué, pero ese era el reclamo. Los gritos de los manifestantes tampoco los entendí (al menos los que pasaron en la televisión). Gritaban “sí se puede”. ¿Sí se puede? ¿Qué es lo que sí se puede? ¿Que les den la green card? ¿Que se permita la libre entrada a los latinos? Honestamente no entendí.
Es claro que lo políticamente correcto es apoyar a los migrantes. Son ellos los subordinados, los que arriesgan sus vidas para encontrar una “mejor vida”, allá en “El Otro Lado”. Es también políticamente correcto apoyar el multiculturalismo y la tolerancia sexual, racial, cultural, política y todas las tolerancias que pueda haber; también la libertad de prensa (aunque no se tenga bien claro qué significa eso, ni las consecuencias que ello tiene); la educación básica, gratuita, laica y obligatoria para todos (aunque tampoco se haya meditado cabalmente el sentido y los resultados que produce). Tratar de argumentar algo en contra o simplemente tratar de proponer algo diferente con respecto de estos preceptos mágicos pararía de pestañas a más de uno. Cualquier comentario al respecto sería políticamente incorrecto y por demás notorio.
Insisto en que participé en el boicot, pero me percaté de que el anhelo de los migrantes es ser gringos, o algo diferente, tal vez una nueva nación (que ya cuenta con sus mitos de origen como Aztlán, los símbolos identitarios como Zapata, la Virgen de Guadalupe, caballeros águilas con coloridos penachos, y ellos mismos: el cholo y la chola). No obstante, su identificación con el American way of life es insustituible. ¿Estaremos presenciando las primeras manifestaciones del surgimiento de un país, cuyo idioma oficial sería el espanglish?
Ya lo dijo Marx con suma claridad, el trabajo es lo único que produce riquezas, y con el fenómeno de los migrantes estamos apoyando la salida del bien más preciado con el que cuenta este país: la mano de obra. El presidente Fox se ha esforzado por discutir con los gringos el asunto de los migrantes, pero para aliviar ese problema ¿no se podrían intentar otras alternativas? Los empleos en México crecen cada día más, es un hecho irrefutable. El problema es que los empleos son de economía informal. Cada día hay más gente dedicada a vender en la calle chácharas de China o copias piratas.
No intento hablar de un país ideal. La gente sale porque acá no encuentra empleos. Los profesionistas, cada día más numerosos, no tienen espacio laboral para colocarse. Aquello de que si quieres ser alguien en la vida, estudia, ya pasó de moda. Cursar una licenciatura no garantiza laborar como profesionista.

Entonces, quienes se van quieren ser gringos y batallar por el American Dream; nos solidarizamos con ellos desde este lado. Apoyamos un fenómeno que realmente es para darnos vergüenza: la incapacidad de la economía nacional de mantener a su población; la incapacidad del Estado de mantener la seguridad económica de su gente. Y por otro lado, apoyamos a un sector importante de la sociedad que ya no quiere ser mexicano.
Lo políticamente correcto era apoyar a los migrantes y manifestarse en contra de los Estados Unidos, pero ¿en que nos opusimos a ellos? Fuimos políticamente correctos sin saber bien qué efectos tenía eso.

viernes, 28 de abril de 2006

Boicot anti productos gringos

No creo ni siquiera tener la categoría de consumidor, muy a mi pesar. Disfruto horrores la tecnología: los televisores LCD, la música en alta definición, las películas en dvd escuchando su sonido envolvente en el hometheatrer con sistema DTS, mínimo, aunque sería un sueño hecho realidad tener el THX. Estoy esperando a que empiece a comercializarse el PS3 para decidir bien entre éste o el Xbox 360, porque la guerra entre los formatos del Blue-Ray y del HD-DVD que usarán respectivamente las consolas va a estar peliaguda. No tanto por los juegos, sino por los formatos de las películas.

Desde luego, Phillips Morris me tiene en su lista de clientes preferidos. Al menos tres paquetes, no cajetillas, aclaro, de Marlboro es mi consumo mensual. También The Coca-Cola Company está contenta con mis compras. Y a pesar de que no es muy cool hacerlo, me bebo un frasco de Nescafé al mes.

Wal-Mart es a donde acudo a hacer la despensa. La facilidad de encontrar estacionamiento y la rapidez de sus cajas es lo que me gusta de ellos. En términos de productos es casi lo mismo en todas las cadenas de supermercados. También suelo acudir a CostCo a comprar consumibles de lavadora y baño. Sale más bara ¿qué se le puede hacer?

El café de Starbucks me gustó, pero no me volveré a parar a uno de sus locales. Es muy caro, pero eso es lo de menos; me parece inconcebible y por demás discriminatorio que no permitan fumar en una cafetería. Nunca he ido a un McDonlads y no pienso cambiar eso. Las hamburguesas de Burger King están sabrosas y las como al menos una vez al mes; KFC ya no me gusta como antes y no hay uno cerca de mi casa. Soy más bien de tacos (tripa, labio, lengua y birria son los más acostumbrados) y de tortas ahogadas, aunque reconozco que son pocos los puestos que mantienen buena calidad. Me he llevado sorpresas muy desagradables en las de atrás de Sear’s; las Chukis ya bajaron mucho su calidad y lo mismo le ocurrió al Chacha, aunque sus tacos dorados de papa con buche siguen manteniendo su buen sabor. En las Famosas tienen muy buena salsa y su birote es para mi gusto el mejor del mercado, aunque me desagrada que le pongan col, en vez de lechuga a los tacos.

Ya no uso los 501, pero sigo en la onda Levi’s, aunque ahora mis preferidos son Docker’s y Silver Tab. Se ven bien con mis botas Cat o Doctor Martin y también combinan bien en mis tenis Adidas o Nike (también tengo mis guaraches de llanta de cuatro correas, pero sólo los uso cuando hace calor y quiero que se me ventilen mis piesesitos). No están para saberlo pero mis boxers son Friut of the Loom y mis calcetines son Wilson, mi piel es delicada y sólo me siento a gusto con telas de algodón; en playeras no hay más que Abercrombie & Fitch, Old Navy y Squalo. En Shorts me gustan también los Squalo y los FUBU.

El 1 de mayo, fecha de grave memoria, viene el acuerdo para realizar el boicot a los productos gringos en apoyo a la población migrante que vive en los Yunated. Es buena idea; hacer perder unos cuantos dólares a las grandes compañías norteamericanas. Será como quitarle un pelo a un gato, pero aún así me pienso solidarizar con esta causa. Lo que no entiendo es si tampoco hay que ver la televisión, o conformarse con Televisa y TV Azteca, siempre y cuando se le cambie cuando pase un comercial de un producto gringo y no se vea ninguna serie ni película gringa. ¿Se vale comprar los cigarros desde un día antes? Como cuando viene una fecha con ley seca y se ponen a enfriar las chelas desde un día antes… ¿No hay bronca si compro un dvd pirata? Les aseguro que sólo el disco, tanto de copia como el copiado será gringo; bueno también lo será la marca de la máquina donde se haga el proceso de quemado, pero en el interior de la PC hay un montón de piezas que se fabricaron en países como México, China, Singapour… Está bien. No compraré nada. Lo prometo. Iré a desayunar a los tacos de con el Chino y como no vende Pascual Boing, Chaparritas el Naranjo, Barrilitos ni agua de horchata, llevaré mi propia agua de tamarindo, por ciento mexicano en un jarrito de Tonalá. De perdis perdónenme que el agua sea Bonafont (ah pero esa es marca es de Suiza, entonces no hay bronca). En la tarde me voy a echar un ceviche y unos camarones de con el Negro (ahí la bebida no hay bronca, porque sí vende aguas, aunque las prepara con Santorini que es de Pepsi Co. Ni modo) y en la noche iré con doña Yuca por unos de tripa… Ni siquiera beberé mi respectivo Nescafé, prepararé uno con grano de Nayarit que compre en Pure Coffee.

La despensa la haré el 2 de mayo, tempranito, porque el refri ya está completamente vacío. Pero ¿al menos sí puedo escuchar música? Ah no, ¿se trata sólo de compras nuevas verdad? Entonces no me siento culpable.

Ese primero de mayo lo voy a pasar en la calle, voy a pasar por algunos establecimientos de productos gringos para verificar el nivel de solidaridad de este boicot en la zona metropolitana de Guadalajara. Ya escribiré algo al respecto…