lunes, 27 de febrero de 2006

Otro de los bicles

Pero más allá de sus negocios, el White Album según los mismos bicles, salvo Paul, es un disco de individuos. En este LP Harrison contribuyó musicalmente más que en cualquier otro. Lennon lo describió como “era yo con una banda detrás; era George con una banda detrás”. No obstante, el yogui Harrison se expresó del disco como “el álbum tenso”. Bueno, al parecer no le gustó mucho a sir McCartney que hubiera tantas contribuciones de los demás (especialmente de Harrison que compuso cuatro canciones) y alegaba que era necesario hacer más cosas “en grupo”; de acuerdo con Lennon eso significaba más contribución de Paul.
Por su parte, Ringo precisaba del cariño de sus compañeros. Estuvo a punto de salirse de la banda. Habló con John y con Paul para expresar sus sentimientos. El joven necesitaba que sus compañeros le externaran lo que sentían por él y por su música. Los dos líderes trataron de tranquilizarlo y convencerlo de su importante rol en la banda, mientras que George, al día siguiente de estos eventos, llenó de flores el estudio de Abbey Road y con eso Ringo dejó de hacerla de tos.
Según algunos entendidos en la música, la batería de Ringo es muy fregona. Dijo alguna vez el pelón de Phil Collins que el beatle que era uno de los mejores bateristas del mundo. Yo la mera verdad no sé, porque me parece sencillo lo que hace y a pesar de que alcanzo a apreciar que mantiene un constante contrapunto en las rolas, no me alcanza a cautivar.
“Revolution 9” que prácticamente no le gusta a nadie, a mi me resulta divertida; es del todo experimental. No tiene sentido y no es necesario quebrarse la cabeza tratando de encontrárselo. Es sólo un experimento de sonidos, voces y un trabajo de edición sin ton ni son. Hay quien quiere ver que “Revolution 9” es la influencia muda de Yoko Ono sobre Lennon. La exposición de la artista japonesa, donde John ve, después de subirse a una escalera, el mensaje “Yes” pegado en le techo con unas letras pequeñísimas, les hace creer eso. Pero a mi se me afigura que el Beatle ya traía esas ondas desde antes y con Yoko se atrevió a sacarlas. Lennon le escribió “Sexy sadie” al Maharishi. Se tomó muy a pecho que el “guía espiritual” se hubiera acostado con una de sus alumnas y que a él no lo dejaran echarse unos tlapehues ni fumar porro.
Ya no querían las aglomeraciones que tuvieron cuando empezaban. Ni siquiera volvieron a presentarse en el Ed Sullivan's Show. Sólo enviaban sus videos promocionales para que los transmitieran en el programa aquel (dando así origen a lo que posteriormente sería MTV); ni volverían a presentarse en conciertos. Ya no más Shea Stadium ni presentaciones públicas en USA. Eran rockstars y no necesitaban de semejantes maratones e incomodidades de los tours para vender sus discos.
Yellow Submarine (Apple, enero de 1969) originalmente estaba pensado para ser el soundtrack de la película del mismo nombre. El lado B es una serie de composiciones orquestales de George Martin (que molestaron a todo el mundo); quisieron cambiar la edición para que sólo hubiera canciones de ellos, pero al final no lo hicieron. Este disquito tardó mucho en salir. No podían ponerlo en el mercado cuando todavía varias piezas del White Album seguían en primer lugar.
Como no andaban bien las cosas entre ellos, no tuvieron la paciencia de hacer las voces de sus personajes, aunque ellos alegaron ser muy malos actores y que por eso prefirieron dejar que otros hicieran sus voces. Los doblaron y al parecer nadie se dio cuenta. Yo lo supe hasta hace muy poco tiempo. El típico humor inglés de ellos quedó bien reflejado y lo más interesante del caso es que el Yellow submarine se ha convertido en una película para niños. Los papás ponen a sus hijos a verla para evitar el Ritolín y lo irónico del caso es la fuerte inspiración del LCD que se maneja a lo largo de la historia. Ah mi querida Lucy en el cielo con diamantes…
Como sea. La orquestación que presentaron fue muy buena y cada vez incorporaban más cosas. No dejaron de crecer musicalmente y a pesar de que George Martin haya hecho de las suyas, los muchachos de Liverpool no dejaban de incorporar nuevas cosas en sus creaciones. Aunque ya los Bicles se veían en una seria debacle aderezada por egos enormísimos, pudieron producir algo tan hermoso como “All you need is Love”. Digo, ya no se trata de canciones melosas y cursis que hablan de lo que se siente por la pareja. No, se trata del amor como concepto universal. A fin de cuentas “There's nothing you can do that can't be done”.
No dejo de pensar en que eran tiempos rebonitos aquellos finales de los sesentas. Lo más curioso del caso es que vivían el apogeo de la guerra fría. La guerra de Viet Nam y luego Corea. La invasión soviética a Yugoslavia, el asesinato de un montón de gente en las plazas de Tlatelolco y de Tiananmen y aquellos cantando All you need is love.
Musicalmente fue sin duda una explosión de creatividad. Bob Dylan con su guitarrita y su armónica hacía vibrar a la juventud angloparlante y un poco más. En América Latina Inti Illimani y Mercedes Sosa marchaban con el pueblo chileno y argentino, respectivamente, hasta que los exiliaron; Silvio y Pablo desde Cuba cantando las bondades del socialismo y de la Revolución; Jimmy Hendrix demostrando al mundo lo que se puede sacar de la guitarra, Pink Floyd todavía con Syd Barret; Led Zeppelin, The Rolling Stones, Joe Cocker, la loquísima y amadísima Janis Joplin hacían sus propuestas musicales con el menor grado de tomarse en serio. Sin duda se abrió una dimensión espiritual insospechada. No peleaban contra el stablishment, sino que simplemente lo ignoraban, lo desestructuraban creando uno nuevo que quería regirse por el “peace and love” (aunque nadie iba a producir la traga, but ah what you gonna do?, let’s not be worry…). Las jóvenes yugoslavas levantaban sus minifaldas para mostrar sus encantos a los soldados rusos inmóviles y les daban un beso; no intentaban luchar contra los tanques, ni quitar las armas al ejército rojo; sólo metían flores en los cañones. Que ingenuidad tan más hermosa. Hasta era posible creer que era posible…
Luego vino Woodstock que daba la bienvenida a la Era de Acuario (no sé qué signifique eso, pero se escucha rebonito); todo un fiasco económicamente hablando, pero la raza se la pasó cachetonamente con sus ácidos y escuchando a los grandes del momento. Sin duda fue la cúspide de aquel Love power, de ahí en adelante inició la bajada. El varo predominó, cosa de la cual ninguno renegó.
¡Por dios, los Bee-Gees! y la música disco de principios de los setentas. Buah. El triunfo de las disqueras… Pero de eso no quiero hablar. Aquí se trata de los bicles que ya venían en debacle. Abbey Road (Apple, septiembre de 1969) es ya un trabajo marcado por enormes diferencias. George Harrison se la pasaba mejor con sus cuates en San Pancho. Le importó un bledo perder varo por Woodstock. Llevó a Raby Shankar y trabajaba en sus rollos. Tuvo sus fuertes diferencias con Sir Paul. Lennon llegaba al estudio en su Roll Royce vestido de blanco y acompañado por Yoko. Ya no se la pasaban bien grabando, se boicoteaban mutuamente; no obstante pudieron proponer cosas tan hermosas como “Here comes the Sun” y “Something”. La portada del disco (la famosísima toma de ellos caminando por la calle rumbo al estudio que tantas veces ha sido imitada) es una muestra de que ya no formaban un grupo. Era individuos caminando su propio rumbo. Lennon ya había sacado sus dos primeros discos como solista los Unfinished Music I, II y en diciembre de aquel año realizaría el famosísimo concierto por la paz en Toronto. Ya eran más importantes los proyectos individuales que los bicles en sí.
Las cosas no iban bien en su compañía disquera Apple y como no tenían un manager que se encargara de los aspectos legales y del varo, la responsabilidad la quiso tomar Paul, pero los demás no confiaron en él. Ah cochino dinero. Creo que ya no lo necesitaban, pero es un hecho que el dinero nunca sobra y la ambición de poseer nos termina poseyendo.
Let it be (Apple, mayo de 1970) que contiene “Across the Universe” y la homónima me parecen fantásticas (es más casi lloro). A poco no es precioso aquello de

Sounds of laughter shades of life
are ringing through my open ears
exciting and inviting me
Limitless undying love which
shines around me like a million suns
It calls me on and on across the universe

Pero como dijo la Oracle. “Every thing that has a beginning it has an end”. Vino el concierto en el techo del edificio de Apple después de que regalaron todos los productos de su tienda que tenían en existencia y ya no hubo más bicles juntos. Bueno hace poco sacaron la de “Free as a bird” que está muy bien. Pero los bicles acabaron a los bicles. Como lo dije antes, eran sólo músicos metidos a bussinessmen, en lo cual tampoco les fue nada mal.
De marzo de 1963, año en que salió Please, please me a Let it be sólo pasaron siete años. Tiempo en el cual los muchachos de Liverpool crearon toda una revolución en la música y en la cultura pop que sigue aún ahora constantemente inundándos por todos los medios masivos. A partir de ellos podemos hablar de massmedia y no antes pero lo más fantástico de todo eso es que hablaban del amor y de la buena ondés, en un tiempo donde era importante y significativo hacerlo. Curiosamente ellos fueron hijos de la moralina generación de la posguerra, mientras que a su vez, como buenos hippies, fueron padres de la generación grunge que ha perdido todo sentido de la existencia.

miércoles, 22 de febrero de 2006

De los Bicles

Paul McCartney dice al final de The Beatles Antology que se enorgullece de que la mayor parte de las canciones del grupo de Liverpool hablaran de cosas positivas. “All you need is love”, “With a little help form my friends”, son dos que representan un buen ejemplo de ello. Desde luego “Across the Universe”, “Yesterday” y “Let it Be” son excelentes y su mensaje intentó infundir esperanza y buena ondés para todos. Años después el gran John Lennon le siguió en la misma onda. Cómo no citar aquí “Imàgine”, con su tremenda frase de “Above is only sky”, que bien se le puede atribuir a Nietzsche por su fuerte contenido de materialismo y falta de miedo y despreocupación por todo lo ultramundano.
Para mí los Bicles empiezan en Rubber Soul (Parlophone, diciembre de 1965) con las tremendas rolas de “No where man” o “Michelle”. Todo lo anterior me parece bastante malito. En la misma antología “el muchacho agradable que tocaba la batería” lo dejó muy claro: eran canciones cuyo único contenido era “Por favor cómpranos”. No son detestables, sobre todo contextualizándolas en su debida dimensión histórica; pero sí son cancioncitas vacías. Grandes éxitos de un momento. Creaciones en las que se refleja muy fuertemente la mano que está detrás de ellos dictándoles qué hacer (¿o no mister Epstein?). Desde luego, que esto no lo opinaría una persona que haya vivido aquel auge de los bicles. Pero ver las cosas a toro pasado da la oportunidad de decir barbaridades sin que nadie se ofenda.
Pero es de reconocer que esas cancioncitas vacuas fueron las que les proporcionaron el éxito que tuvieron y el varotote que hicieron por sus discos, por sus giras y por todo lo que se movió alrededor del enloquecimiento que hubo en la primera mitad de la década de los sesenta. George Harrison vio con claridad aquel fenómeno. “Nos tomaron como justificación para su locura”. Quizá y sí. Digo, antes se puede reconocer al actor Elvis Presley (ah no, también cantaba ¿verdad?) como el primer gran fenómeno de la cultura popular y vaya que también hizo varo; pero sin duda el rollo explotó con Los Bicles.
Luego vino Revolver (Parlophone, agosto 1966). Todavía andaban en ondas como “Here, there and every where”, que es una baladita un poco fofa, pero ya no está en el mismo nivel de “I wanna hold your hand”. Más bien hay un mundo de diferencia (bueno quizá exagero). Aquel LP es una muestra muy clara del gran desarrollo musical que ya habían alcanzado. Los primeros citarazos de George Harrison evocando la música de la India son por demás divertidos. De seguro no sabía lo que hacía en “Love to you”, pero logró crear un sonido diferente, que evidenciaba el acercamiento que Occidente tuvo con Oriente en aquellos floridos años. “She said, she said” es la mejor muestra del viraje hacia la música psicodélica que posteriormente profundizarían aún más y con especial encanto en Sgt. Peppers… y en Yelow Submarine, pero de eso voy a hablar más adelantito.
La producción musical que tuvieron entre 1965 y 1967 es sorprendente. Como pueden ver, en poco más de año y medio publicaron los dos LP’s citados y el El Sgt. Peppers Lonely Hearts Club Band (Parlophone, junio 1967). Esta publicación sin duda es una muestra del comienzo de una nueva época para la banda. Una más independiente y creativa no sólo en términos musicales, sino artísticos en toda su expresión. Por dónde se le quiera ver, el trabajo es una apertura, una innovación, una propuesta. Porque no sólo es la psicodelia —un poco antes Grateful Dead, y en el mismo periodo de los Bicles, Pink Floyd y otros grupos habían tocado aquellas coloridas puertas y habían logrado cosas importantes— sino que es la introducción de pequeñas células de música sinfónica en el rock como en la canción homónima. Los críticos volaron en sus alabanzas en la propuesta de las bicles; la que menos dijo fue que el LP era como “Beethoven viniendo al supermercado”. Sin duda los ácidos y la marihuana les permitieron atreverse a cruzar umbrales culturales, musicales y mentales antes insospechados. Eran bonitos tiempos. Después de todo se vivía el Summer of Love. La juventud creía en el “Poder de las flores”. La honda hippie echaba vibras positivas a todo el mundo desde San Francisco. Se creía que las cosas podían mejorar. Siempre es bueno tener ese pensamiento.
Ya sin mister Epstein y después de haber sido reconocidos como MBE (Mermbers of the British Empire), por lo que ya había que referirse a ellos con el título de “sir”, produjeron el White Album (Apple/Parlophone, noviembre 1968), que según varios músicos marcó un parteaguas en la historia del rock. Canciones como “Wild Honey pie”, “While my guitar gently weeps” y no se diga “Revolution 9” —que por cierto parodiaron fantásticamente los Simpsons— son unas verdaderas obras de arte. En buena medida el disco es experimental en varios aspectos. Desafortunadamente, su independencia económica, artística y musical también marcó el inicio de la etapa de los bicles como empresarios. Su casa editorial Apple, así como su tiendita de enseres psicodélicos y hippiosos era una buena idea, pero les quitó mucho tiempo de creación (bueno a Ringo no, porque a él no le interesaba. Él prefería drogarse, como lo hacía Harrison en San Pancho). También están los enormísimos egos de sir Paul McCartney y Sir John Lennon que empezaban a chocar —dicen que la bronca se debió a la creciente presencia de Yoko Ono, pero nah, no me lo creo, el varo era muchísimo y los problemas que tenían qué manejar creo que los sobrepasaron—. Después de todo, eran sólo músicos metidos a businessmnas.
To be continued…

martes, 21 de febrero de 2006

De tortas ahogadas

Leí hace algunos días en algún periódico que en México hay 12 mil científicos. Poco más de la mitad tiene menos de 40 años, pero el desempleo rebasa el 60 por ciento. El panorama para los investigadores jóvenes en nuestro país es realmente desalentador. ¡Qué cosas! Mis maestros en la facultad me animaban diciendo: “No muchachos, ustedes la tienen difícil. Ni piensen en encontrar una chamba de investigador”. Desde aquel entonces la incertidumbre laboral es el dolor de muelas que acompaña a los estudiantes de humanidades (bueno no es el caso para quienes estudian derecho) y de ciencias sociales.
Sí, la cosa no está sencilla. Por ejemplo, la UNAM que capta casi el 60 por ciento de los recursos federales destinados para la investigación, durante el 2005 abrió cero plazas de investigación. Sí, señor CERO, ni una, nada, bolita. La institución dónde realicé mi maestría y mi doctorado tiene la puertas cerradas, por falta de presupuesto, para los recién egresados. CONACYT está privilegiando a los grupos de investigación consolidados para otorgar presupuestos, y por si eso fuera poco, está exigiendo experiencia para quienes presentan nuevos proyectos (entre ellas tener algún nivel del SNI). Oiga usted, pero si yo apenas voy empezando, ¿pos cómo quieren que le haga?
No sé cuánto le costó al Estado mi educación. Pero estoy seguro que no fue poco varo. Más bien muy por el contrario. Podría decir que de adoptar la tan socorrida profesión de taquero (está mal que yo lo diga, pero la mera verdad hago unas salsas deliciosas y es sabido por los buenos comedores callejeros que la salsa es más de la mitad del taco), me convertiría en el más caro de la historia nacional (bueno, la verdad no sé; la competencia para tal presea está reñida. Después de todo somos 12 mil científicos en el país y yo tengo la desventaja de que no cursé kínder). Pero eso ya está muy choteado. Mejor voy a poner un puesto de tortas ahogadas. Después de todo vivo en Guadalajara y soy un profundo republicano, federalista, anticentralista y regionalista (para algo estudié: tengo todo el derecho de emplear palabrotas en mí hablar y escribir).
En un encuentro sobre las perspectivas científicas y tecnológicas en México que tuvo lugar hace pocos días cerca de dónde vivo, los ponentes señalaron frente a algunos diputados federales presentes en la reunión el triste panorama que tenemos los jóvenes egresados de postgrados. A lo mejor les tentaron el corazón y ellos señalarán en la tribuna legislativa que quizá sería bueno incrementar el porcentaje del PIB destinado a la investigación (0.42 por ciento) la mera verdad no alcanza para nada.
Creo que el problema central es ese, pero también la manera en que las instituciones se desarrollan. Por ejemplo, desde que yo entré a la facultad nunca he escuchado que el INAH Jalisco haya creado una nueva plaza de investigación. Pero ahí no para la cosa; las que existen son prácticamente vitalicias; luego, los investigadores, a pesar de que ya estén muy grandes, prefieren seguir trabajando; porque con el dinero que obtendrían por la pensión no les alcanzaría ni pa los cigarros. En algunas otras instituciones una vez que queda vacía una plaza de investigación, para ocuparla hay en puerta un millón de aspirantes que ya tienen un montón de años trabajando como auxiliares de investigación.
Ya me dieron ganas de llorar. Pero intentaré ser fuerte. Nada más sí voy a esconder las galletas saladas. En este momento podrían ser muy peligrosas para mi integridad física.
No intento señalar a nadie, ni tampoco me quiero meter en el rollo de que muchos investigadores tienen muy pobre (por decir lo menos) producción académica. No me gusta ser envidioso, quienes ya tienen chamba de investigador reciban todas mis felicitaciones y hay mucha gente que la mera verdad sí se merece el puesto. No son todos. Claro está, pero no está bueno andar señalando nombres.
Por eso no me gusta leer el periódico. Luego me deprimo. Quizá le haga caso a Fox y me meta a la onda de los changarros. Un puesto de tortas ahogadas es buena opción. Sé que sería echar a la borda un montón de años de esfuerzo y dedicación a los estudios. Pero mis tortas estarían cargadas de grandes dosis de inteleptualidad.

¿Habrá próximamente una inauguración de las famosas “Tortas el doctor”? Espero que no. Quiero ser ingenuo y tratar de ver las cosas con optimismo. De cualquier manera aquí estoy y todavía no me toca bajarme del tren.

lunes, 20 de febrero de 2006

Pos qué pasó?

¿Y la rebelión de los gordos? Ah, no está resuelta.

Web blog fever

Un chingo de cuentos a medias; una novela romántica corta iniciada, en la que tengo el perfil de la protagonista muy claro, el desarrollo y todo va andando, pero todavía me falta desarrollarla mucho. Un cuento largo que he titulado Emmotional affair va yendo, auque la verdad me ha dado güeva; el tema es bueno, pero no me ha gustado la narración en primera persona que he manejado; algunos artículos sobre Lost, Ninja Gaiden, la industria de la piratería… ah y un cuento sobre el panteísmo y el sentido de la muerte de Xpo, es el que menos he trabajado, ¿será que me da frío? Puros empezaderos. ¿Será que la fiebre blog ha pasado? Ah, what you gonna do?
Las camas han quedado vacías a pesar del buen inicio de año. A lo mejor por eso la tinta no fluye. Incertidumbres laborales, cero varo en el banco, viaje a chilangas tierras; al chamagoso le urge la afinada y trae un pinche corto rompe baterías que no tiene madre. Canadá me cierra el ojo. Reencuentros con viejas amistades, charlas que se prolongan hasta las madrugadas manchadas de café y humo de cigarro. El hilo negro y el sentido de la existencia lo encontramos en la segunda plática, pero seguimos dándole vueltas. El mundo no está preparado para saber la verdad.
Mi temporada de insomnio se adelantó este año. Nunca me había llegado a finales del invierno. Empiezan los calores y el día se prolongará cada vez más ¡que regresen los fríos! Escucharé a Loreena McKennitt para recordarlo. Auque quizá los años me han cambiado el ritmo de vida. Perdí mi olfato. El sedentarismo se lo ha llevado todo. Lo único bueno de todo esto es que me ha crecido el cinismo. A fin de cuentas lo único que me queda es la ironía.
Pero como decía. A lo mejor la fiebre del blog se bajó con los analgésicos que me receté cuando hice el viaje a Ixtlán. Quedó una vida aséptica: un reguero de sueños rotos y de ilusiones desparramadas como cuadro de Dalí.

miércoles, 8 de febrero de 2006

Jaime

Jaime sabía que algo no andaba bien. La pesadez y el entumecimiento de su cuerpo no era el normal que dejan los somníferos. Por más que trató hacer, frente al espejo, sus diferentes sonrisas, los músculos de la cara parecían no responderle. Expresaba sus frases corteses: “Bueno días Poli”. “Con gusto licenciado”. “Claro que sí Carlita”. “Ese vestido te sienta de maravilla Ale”. Pero nada de sonrisas fingidas. Veía su cara sin reacción con una expresión vacía. Se masajeó, se dio golpecitos. Intentó con agua caliente, luego fría. Pero no hubo reacción. La premura lo obligó a despegarse del espejo.
La mancha roja en su estómago era más grande. Lo pudo notar cuando abotonaba su camisa blanquísima Yves Saint Laurent. Pero no quiso prestar atención. No tenía tiempo de hacerlo.
Puede ser un cáncer. Puede ser muy doloroso. Una alergia quizá… A ti que te valga madre lo que sea. Ya me tienes hasta la madre, pendejo. Eres tu quien reside ahí. Ahora tú eres esa mancha en el estómago y yo tomo el control… Voy a hacer cita con el doctor para que me haga análisis. Pero particularmente hoy no puedo llegar tarde. De seguro mis compañeros quedarán admirados cuando me vean terminar primero los informes… ¡Uy! qué gusto que nuevamente pongan tu estúpida foto, con tu nombre, por sobre la de tus compañeros con el título de “El trabajador del mes”. Me dan ganas de asesinarte a ti también.
La aguda tensión que se clavaba en su cuello no era inusual, como tampoco lo eran desayunar un par de Sedalmerk con café cargado. Llegó con sus pasos chiquitos y tímidos hasta su cubículo con pretensiones de privacidad; dejó su portafolio encima de la mesita y empezó a ordenar el montón de papeles que había en su escritorio. Se inclinó para encender su máquina, pero fue ahí cuando un agudo dolor en el estómago se le clavó y lo paralizó. Sólo fueron un par de segundos. Todo volvió a la normalidad e incluso pudo regresar la sonrisa a su rostro, aunque esta vez era diferente.
— Ven, ven, mira. Estoy seguro que lleva más de media hora viéndose las manos.
— Así que amaneció más entumido que de costumbre.
— Sí, míralo. Mándalo a los cafés para que se despierte.
— ¿Tú crees que quiera? Lo vi pasar con su taza antes de sentarse en su cubículo…
— ¡Claro! El buen Jimmy nunca se niega. Dile y verás.
— Qué onda Jimmy, tráete los cafés ¿no? Ya ves. No responde. Está enjimmysmado.
— Jimmy, ¿no oyes que te hablan?
— Perdón ¿qué paso?
— Tráete los cafés ¿no?
— Ah sí, claro que sí. De hecho estaba por ir a rellenar mi taza. En un momento se los traigo. Con dos de azúcar ¿verdad?
— Sí, Jimmy. Pero al mío le pones crema ¿no?
— Sí, claro que sí. Con gusto. ¿Tu no quieres crema?
— No, Jimmy, lo prefiero negro.
En cuanto termine los reportes, lleno los formularios y así antes de las tres de la tarde ya estará listo. Espero que el doctor me pueda atender hoy… No, será diferente lo que vivirás esta tarde. Saldrás por fin a la vida.
Este silencio es muy raro. Aquí todo el tiempo hay barullo. No se escuchan los gritos de los jefes, ni el timbrar de los teléfonos. ¿Pero qué estoy haciendo en el cuarto de la copiadora? ¿Y las tazas? ¿Por qué estoy desnudo? ¿Es de noche?
Sin darse cuenta, Jaime soltó la barra de acero que sostenía en su mano. Salió del cuarto de la copiadora para descubrir los restos destruidos de la oficina.

lunes, 16 de enero de 2006

May be I am

Are you still mad that we slept together even after
we had ended it?
A.M.


¿Pero cómo puede ser que mis manos estén impregnadas con tu aroma? ¿Fue tu aire el que acaricié? ¿No eran tus piernas las que estaban enredadas a las mías? ¿No fueron tus senos los que llenaron mis manos, ni fue tu cabello el que enredé entre mis dedos? ¿Qué fue lo que mordí si no fue cuello? Entonces ¿realmente no estuviste en la madrugada fría más ardiente de enero cuando, nuestros dedos reclamaron piernas abiertas y nuestros humores nublaron la razón? ¿No fueron tus piernas las que cobijaron mis hombros? ¿Ni fue tu sabor el que tenía en mi boca? ¿No fui yo tu asiento hostil? ¿Lo imaginé?
He perdido la razón. Ya no puedo confiar en que lo que veo, palpo y escucho es real. Mi conciencia ha quebrado las fronteras y se ha ido a los no-lugares y a los no-tiempos. Huelo mis manos y sé que es el aroma crudo de tus rincones. Pero no es real, aunque casi pueda asegurar que eran tus bellos los que se erizaban cuando las yemas de mis dedos los transitaban. No es tu humor el que tengo en mis manos; no fueron tus labios los que mordí, ni pude saborear mis humores con tu beso.
Saco mi voluntad y trato de recrear otro momento juntos; uno que sea la síntesis de las mejores sábanas que compartimos; incluso aderezo la imaginación con los detalles accesorios, como esperar el verde de los semáforos o manejar mi carro frío por el Periférico a las cinco de la mañana. Aspiro mis manos pero tu olor no está.
No, hay algo que no anda bien.
Me resisto a creer que es mi perturbada imaginación la que creó todo esto. Acudo a tu casa con cualquier pretexto. Tu puerta se abre y pones el seguro, acomodas las cortinas para cerrar las rendijas a los ojos de los que no tienen vida. Tomo mi lugar y empiezo a recorrer tus curvas y descubrir tus senos, que se enseñan distraídos. Sí, todo eso se muestra, vuelvo a olfatear mis manos, y ahí está nuevamente tu olor. Pero descubro, cuando empiezo a hurgar entre tus piernas, que el recorrido está clausurado. Quedó así por la llamada que negó mi presencia.
Ya no permites que se te engorde la respiración, ni dejas que se te dilaten los poros. Prefieres desviar tus ojos al vacío. Sin coger mis manos, rompes el silencio sólo para pedirme que no te vea así... ¿Cómo hacerlo? ¿Cómo contener con palillos la presión de esta presa cuarteada? ¿Cómo puedo reparar a un metro del precipicio? Prefiero lanzarme, caer, romperme los huesos y ahogarme con polvo. Quizá este incendio así se consuma.
La ceguera que viene del sol no quiso que fueras para mí. Aún así, trato de convencerme de que las cosas pueden ser diferentes y que el doblar de una esquina puede traer un horizonte diferente. Pero es difícil aferrarse a esa idea cuando los ojos miran que tu ausencia se aproxima y que no hay ninguna esquina, sino el horizonte plano y abierto.
Como herencia tengo esta ampolla en la palma derecha mi mano que todavía me está ardiendo.

martes, 3 de enero de 2006

Agua de Leteo

En esta hora de silencio, el mundo queda dormido frente a mis ojos despiertos, aprovecho para sacar tus fotografías para poblar mi alma con tus recuerdos. Van surgiendo uno a uno, incompletos, desordenados, incoherentes. Mi olvidadiza memoria no se esfuerza por ordenarlos ni por completarlos. Fluyen sin control ni fuerza que los intente guiar y darles sentido. Lo prefiero así, desordenados e incoherentes, que revoloteen libremente por un momento.
Tus piernas quemando las mías; tu respiración y tu rechinar de dientes; tus llantos sonámbulos con píes descubiertos, tu aroma dulce (que intento recordar, pero no puedo reproducirlo en mi memoria), tu cabello, cortito embadurnado de gel y luego, largo y cenizo. Pero por encima de todo, tus actos inconscientes. Esos que hacías cuando no sabías que te observaba o cuando las sensaciones nublaban tu pensamiento y quedaba tu mirada perdida nadando en sudor de cuerpos ardiendo, o tus bailes de niña cantando Bob Esponja, o cuando, embebida en el lectura, no quitabas tus ojos de las letras, aunque estuvieras extrayendo al moco más rejego de la historia.
Todas estas memorias se desvanecerán, así como también los recuerdos más amargos y tristes, aquellos que nacieron en las madrugadas de discusiones interminables. Mis gritos de impotencia de la aciaga noche de enero de pelea titánica que se prolongó hasta que salió el sol y un poco más, quedarán sellados por el silencio...
Sé que necesitaré más aire para rellenar los vacíos que van creciendo en estos recuerdos y, cuando eso ocurra podré inventar, sin miramientos de objetividad, que mi deseo de compartir contigo una simple caminata bajo la lluvia fue realidad y hasta podré crear el escenario de calles encharcadas y sonidos de tejados que engrandecen el caer de las gotas; podré reconstruir segundo a segundo el instante en que, detuvimos el andar, bajo una saliente para fumar el único cigarro que quedó seco y recordaré también como el brillo de tus ojos reflejaba la dicha por estar compartiendo aquel utópico momento juntos.
Pero todos, los reales y los inventados quedarán sepultados en el inconsciente e inevitablemente se desvanecerán, condenados a no volver a ser nombrados, como todos los que ahora mismo no me percato que no recuerdo.

martes, 29 de noviembre de 2005

Desde un cometa y fuera del mundo. O de cómo la vacuidad teleológica crea risas para continuar en la vida

Detengo al mundo, desciendo de él, me siento en el comenta más cercano y comienzo a fumar, para con mi humo conformar su cauda.
No recuerdo ni a Orfeo ni a Sísifo pues no hay estrellas. Sólo veo galaxias alejándose entre sí, hacia el final. Dentro de poco llegarán a donde quedará nada. Ni palabras, ni pensamientos, ni tiempo, ni espacio. Sus inconmensurables e incandescentes masas se apagarán y su materia será devorada por el vacío.
Nada permanecerá, ni restos de estrellas, ni materia, ni luz, ni siquiera antimateria, que, por menos que se quiera, es algo.
No quedará ni tan solo una mente creadora. No habrá nadie para nombrar a dios.
Doy la última fumada a mi cigarro que ya se acaba y espero a que se consuma hasta la última braza del tabaco.
Así, en medio de esta vacuidad teleológica, me surge la risa de no tomarme en serio y desciendo al mundo para continuar en el trajín de esta vida en la que nada importa.

martes, 15 de noviembre de 2005

Don't fade away

Te has empolvado un leve. Lo sé, ahorita me está urgiendo el juego con los números. No desesperes, ténme pasciencia que en largas tardes y noches frías nos recrearemos haciendo el amor, fumando ideas sudadas, creando imágenes imposibles, asesinando dioses y burlándonos de la razón. También pelearemos, te manderé a la chingada y tu harás lo propio, dormiremos separados y a mitad de la noche me despertarás ofreciéndome café con belladona para volar entre elfos, gnomos y entes.
Sé que es noviembre y no ha habido ninguna entrada.
No desvanezcas. Sigue hablándome, sigue nombrándome y sigue creándome que pronto ya estaré aquí danzando contigo al rededor de la fogata del árbol al centro del jardín para recrearnos con el fuego y los alaridos de las chispas.

jueves, 27 de octubre de 2005

Don Polo

Alabado y ensalzado
sea el divino sacramento
en que Dios ocultamente
es de las almas el sustento

Desde muy temprano, en la mañana te veía pasar. Cuando no rezabas, silbabas o cantabas. Saludabas a conocidos y a desconocidos, para comprobar si te encontrabas un ánima, porque ellas no contestan el buenos días. En tus trayectos y en tu labor cantabas “El Alabado”, lo mismo que en los velorios. No te preocupaba que a ti no te lo rezaran y quedaras penando entre este mundo y el otro.
El burro arrastraba sus pesuñas. Ya fuera de ida o de regreso iba casi dormido, con los ojos cerrados; las riendas fueron una costumbre de otro tiempo que no te molestas ya en tomar. Parecía que la bestia conocía el camino y por más lento que avanzaba no la azotabas para apresurar el paso, decías que siempre venía la hora de llegar y de marcharse y que no había manera de cambiar eso. El perro iba adelante, quizá era él quien marcaba la ruta.
A nadie dijiste a donde llevabas los motones de tierra que acarreabas con tu carreta; te veíamos pasar con el alba rumbo al oeste por el Antiguo Camino a Mictlán y en el ocaso, de vuelta. Siempre con tus montones de tierra, aunque si alguien te solicitaba un “viaje”; cortésmente te negabas diciendo que tenías ocupado todo el día. Alguna vez me dijiste que no te gustaba llamarle “tierra”, sino “testigo”, porque decías que eso era: el testigo de tu paso por aquí. No llevabas pala ni pico, sólo portabas la coa para labrar la tierra en las cuestas fértiles del ojo de agua que llamaban “La Caída”. Aquel día me dijiste que “Sólo son montones de tierra que sirven para tapar hoyos diferentes a los que se hicieron para sacarla. Mi labor es llevarla de aquí pa’ya. Nada más. Pero es el testigo que guarda los secretos de lo que ya no tiene que estar aquí. Todo lo oculta, lo pudre y se lo traga. Los huesos le cuestan más trabajo, pero termina haciéndolos polvo, como todo lo demás....”
No tenías día de descanso, ni siquiera guardabas el domingo. Lo único que hacía diferente a ese día, era que te ponías tu chamarra de cobija con cuadros rojos, morados y azules e ibas a misa de seis. Dejabas al burro dormitando en la entrada y el perro se echaba en el umbral de la puerta. Pacientemente te esperaban. Te quitabas el sombrero, te alisabas con las manos medianamente las canas y te santiguabas. Saludabas a los presentes y tomabas tu lugar para escuchar los regaños del padre Alejandro. No contestabas los rezos como los demás, ni cantabas las alabanzas cuando eso se precisaba. Sólo te parabas y te sentabas respetuosamente cuando eso tocaba; por eso te dejaban solo en la banca y te veían feo cuando les extendías la mano empolvada que les ofrecías para darles la paz a tus vecinos. Llegaba el momento en que el padre alzaba la hostia y la copa diciendo “Este es el cuerpo y la sangre de Cristo...” y tu arrodillado, con los ojos cerrados levantabas los brazos y murmurabas palabras que no se te entendían. Luego dejabas que el cura siguiera con su negocio y te sentabas a esperar. No te parabas a hacer fila para comulgar siguiendo a las señoras empañoletadas y a los ancianos arrepentidos.
Decías que no tenía caso ir a comer el panecito reseco que ofrece el cura, porque podías respirar y beber agua y comer tortillas. “El tata grande está en todo y en todos, en el vientecito que sopla, en las hojas verdes del árbol y en las secas que se cayeron para que se vuelvan a componer en tierrita y luego hacerse nuevamente hojas; no hay manera de no cumplir con ese sacramento todos los días. Si no lo hiciéramos nos moriríamos. Levanto las manos para alabarle su muerte, cuando se igualó con todo; la verdadera comunión es cuando nos hacemos tierrita y cuando lo de aquí, aquí se queda y lo que no es de aquí se va a dónde corresponde.
“Esas ideas de que si uno es bienportado se va pa’rriba y si no, pos se chamusca con Luzbel, fueron traídas de lejos; pero aquí se creía que la cosa era diferente, se llega, se pasa y se va al lugar de los descarnados, donde el andar no se termina nunca. La preocupación no era chamuscarse, sino quedarse atrapado aquí, ocupando un lugar que ya no le corresponde, porque el cuerpo se echa a perder y las ánimas quieren seguir aquí. Ese sí es problema, o los que siguen aquí, sintiendo y deseando ya no estar, pero esas son pendejadas de gente que no tiene problemas y nomás se los está inventando”.
Me fui detrás de ti, a buena distancia para que no sintieras mi presencia. Fue lento el camino. La mañana era fresca y el rocío llenaba de gotitas a las yerbas que crecen a un lado de la brecha. Por fin llegaste a La Caída y yo me escondí en los pinitos, a unos metros detrás de tí. Te bajaste de la carreta y te sentaste justo a la orilla del precipicio, viendo el agua. El burro dobló la pata delantera izquierda y se quedó dormido y el perro se echó a tu lado; le acariciaste la cabeza y te movió la cola. Luego parecía que hablabas con alguien, incluso alcanzaba a escuchar murmuros sordos; te incorporaste y empezaste a entonar “El Alabado”, santiguaste la tierra y la empezaste a bajar con las manos tapando el hoyo que había al lado de la carreta. Sin voltear a ver a dónde yo me encontraba, me gritaste “Chino, vente y ayúdame a tapar este hoyo”. Cuando llegué a tu lado recogiste la pala y me la extendiste. “Ándale, súbete para que sea más fácil”. En silencio los dos tapamos el hoyo; luego, sin decir nada me invitaste a sentar. Me ofreciste agua y nos quedamos viendo el horizonte despejado.
No resistí más la tentación.
— Don Polo y ¿para qué tapas el hoyo con la tierra que traías?
— Para acordarme.
— ¿Acordarte de qué?
— De que la vida en la tierra es un ir de aquí para allá destapando unos hoyos para tapar otros.
— Pero ¿para qué hacer hoyos si luego los vas a volver a tapar?
— Mi tarea es acarrear tierra, destapar unos hoyos y luego tapar otros, no preguntarme para qué lo hago. Tú eres muy preguntón... Yo creo que si un propósito tendría lo que hago es recordarme que me voy a morir. A mí me enseñaron que la muerte es buena consejera, y trato de escucharla cuando me habla, por eso pienso mucho en ella. No porque ya me quiera morir, sino simplemente para que cuando llegue no me agarre desprevenido y luego andar con tiznaderas de quedarse varado aquí... Más allá de eso, no creo que tenga ningún propósito lo que hago; pareciera una pena que es muy parecida a la que le dieron al hombre más astuto que ha pisado esta tierra, pero yo no la veo así. Nomás me gusta andar de aquí pa’ya andando los pasos que presenta la vida...
Ira, ¿ya viste lo que hay allá abajo?
— ¿’Onde? No veo nada.
— Es un ánima. ¿A poco de veras no la ves? Me gusta venir a sembrar a La Caída porque aquí luego viene mucha ánima en pena convencida de que ya no tiene asunto y que se debe ir a Mictlán. Yo les rezo y les canto. Vienen, me platican sus cosas y luego se meten al pozo para ya no volver más aquí...
No sabía, que aquel día sería el último que hablaría contigo. La vida me llevó por otros rumbos, me fui a la escuela y leí muchos libros. Aprendí palabras complicadas y elegantes que nombraban tus creencias y lo que tú vivías: supe del panteísmo y de Sísifo... Y ahora vuelvo a La Caída con mi camioneta copeteada de tierra y me doy cuenta que me dejaste un hoyo sin tapar; las lluvias y el tiempo no lo hicieron desvanecer y nada ha hundido sus raíces aquí. Tomé tu costumbre de saludar a conocidos y a extraños y comprobé que el mundo está lleno de ánimas. No sé si te quedaste atorado entre este mundo y el otro, pero aquí estoy don Polo, tapando el hoyo que me dejaste: Alabado y ensalzado
sea el divino sacramento...

lunes, 10 de octubre de 2005

El Alabado

Tu pesado sueño esta ocasión falló. “Pos yo me acuesto a dormir, no a ver qué pasa durante la noche”, pero no fue así. No porque tuvieras penas, rencores o porque tus secretos te martillaran con el silencio del mundo, simplemente el sueño no quiere llegar. Evocas el viaje frustrado a los Guachimontones de Teuchitlán e incluso sonríes con las imágenes del juego que inventaste con los niños para salvar medianamente de la apatía aquella tarde; pero con estos llegaron otros que no deseabas: el Espinazo del Diablo emerge imponente con una luna ensangrentada y la caída hacia el barullo de los píes ampollados y los fervores con pus y sudor de inmolación; la laguna negra de noche sin luz y sin estrellas compartiendo el silencio que empolva y esclerotiza los corazones; ella llorando te pide perdxón con un abrazo vacío...
Los cigarros y el café se agotaron con aquellos amoratados recuerdos. De seguro dejaste de luchar para encontrar la mejor posición y los pensamientos se hicieron nubes con viaje descontrolado, pero sin tu atención.
Sientes que no ha pasado mucho tiempo, pero tu playera húmeda y el sudor en tu cuello, delatan al menos una hora. No es el sonido de las campanas lo que te despierta, sino las voces chillonas de ancianas que entonan “El Alabado” para encaminar las almas pecaminosas al cielo. En casa de Luisa tienen a la virgen... No quieres darle importancia. Ya muchas veces has escuchado las campanadas y “Las mañanitas” en la madrugada. “Lo bueno es que no traen cohetes”.
Pero hay algo que no es normal, las campanas son roncas y rodean el tiempo haciendo vibrar el espacio; vienen de todos lados sin explicación. Tu pensamiento nublado intenta encontrar respuestas pero la combinación del sueño amplía sus alcances. Un llamado como el de la media noche de Dolores; las trompetas de plata del juicio final, cuerpos en su última marcha al camposanto, con procesión de muertos rezanderos. Los Alabados son de las mujeres sin rostro de paños oscuros. Lastimosos rezos implorando perdón que expande la oscuridad e introduce al corazón sombras quebradas con filos cortantes.
Estás casi seguro de que en cualquier momento podría aparecer doña Eduviges para prepararte el desayuno o que Damiana te diría que todos en tu casa están muertos y que la ruinosa casa no es sino el vestigio de una vida que quedó dormida en un pasado sin tiempo que te afanas en recordar.
Quieres incorporarte, las campanas se van alejando, sientes como el dolor se te mete al cuerpo por las desgarradas y lejanas voces de “Perdónalo, perdónalo”, pero temes que sea real.

martes, 4 de octubre de 2005

Una semana sin alma

Caminé tus calles desiertas y frías de amanecer dormido. Ahora no tuve ojos para quedar cautivado por tu imponente monumentalidad y caos; ni tuve oídos para sorprenderme por tus ruidos y sonidos enajenantes.
Mi aletargamiento enterró mis sentidos, no hubo sorpresas ni la atracción repulsiva que siento por ti. Quise verte con ojos grises. Creí estar seguro de que ya no me impones; incluso viajé sin mapa, creyendo que ya me eres familiar. Ahí estaba tu plaza llena de focos con colores patrios, pero me los mostraste apagados. Ahí estaban tus ruinas prehispánicas o coloniales, mas no ingresé a sus puertas, ahí estaba tu gente, los ruidos de denuncia, los danzantes reviviendo un pasado resemantizado, pero mi visión de ti no estaba.
Antes te encontraba maravillosa en tu más absurda cotidianidad, en tus pululantes calles, en el olor de tu Merced, en el indigente dormido en la calle, en el Metro, en las gorditas de masa verde, en tus ruinas, en tu inmensidad... todo estaba ahí, pero no era. No había brillo ni alma en tí, o ¿quizá faltaba la mía?
Pretenciosa con tus ojos en mi vacío, apretabas los labios para no soltar la carcajada, pero tu burla goteaba de tus ojos llorosos. Te vi pasar y sólo encendiste tus lámparas amarillas de luz mortecina, haciéndote ausente.
Una semana desolada, vacía gritando el silencio, viendo al abismo, golpeando mi ausencia, ahogando mis pensamientos. No llegaban las respuestas sólo estabas tu arrinconada en mi olvido, rasgándome la espalda, rumiándome las tripas, bebiéndote mi sangre.
El aire se hizo denso como agua, el frío se colaba frente a la televisión; repetía “Saltarello” pero había perdido su presencia divina esperanzadora, se repetía estúpidamente, pero no llegaban los sonidos metálicos que anunciaban su presencia, era sólo un martilleo de piedra cansado, inútil. El cigarro terminó por consumirse solo y afuera tu vida giraba, tu gente trabajaba y yo prefería quedarme muerto golpeando mi ausencia.

domingo, 2 de octubre de 2005

DCD en México

... y Apolo y Dionicio se hicieron una gota



Siempre que escucho a Dead Can Dance no dejo de relacionar su música con el rollo de Nietzsche. El Güero me ha criticado porque cree que le daría un infarto al bigotón que intento asesinar a dios y a la metafísica, pues si algo resalta DCD es precisamente lo que no está aquí en términos materiales, la intuición y lo oculto. Quizá tenga razón el quesero, aún así al escuchar los sonidos de DCD vuelvo a recordar las imágenes del Zaratustra, o el inicio del Nacimiento de la Tragedia...
Lisa Gerrard vestida completamente de amarillo; Brendan Perry más panzón y pelón a rapa, con camisa tinta y pantalón de mezclilla. El escenario pobre, percusiones muchas, tres guitarras y un bajo, todos acústicos, al igual que el dodecacordio, una caja de sonidos, un sintetizador, seis músicos. Ni cortinitas, ni más iluminación que la del Auditorio Nacional. Un par de pantallas colgadas a los lados y más nada.
Puntuales, no hicieron esperar, los primeros acordes de “Nierika” convirtieron en tsunami la ola de aplausos que estalló cuando Lisa y Brendan tomaron sus lugares e hicieron lo suyo. Spiritchaser fue su último disco y en él son claras las evocaciones al mundo chamánico de Carlos Castaneda y a la música de Jorge Reyes.
Lisa con sus palabras sin significado racional retumbaban con fuerza en el corazón. Sus ojos cerrados, mirando el abismo al que invitaba, siempre con su cara cargada a su derecha, inmóvil; sólo vibraba su voz y con ella nos apabullaba; incluso los cuerpos se inclinaban ante aquel peso de tristeza, de compasión, de dolor, de la desolación que ella transmitía. Con canciones como “Compassion”, “Sanvean” o “The Wind That Shakes The Barely” comulgábamos en los océanos profundos y oscuros de Lisa.
Los aplausos rompían el silencio que producía el fin de la pieza, ella aprovechaba para pedir agua o café y luego beberlos; mientras que Brendan aligeraba un poco el ambiente con los acordes de su dodecacordio, con piezas como “American Dreaming”, “Rakim” o “Yulunga” pero nuevamente venía la ondulación; no hubo valles, o fueron muy pequeños, eran cuestas que bajaban hasta que empezaban a subir, para después descender nuevamente.
“Saltarello”, que desde luego agradecí profundamente, en una versión muy corta y sin flautas, fue el inicio del repertorio conocido. De canciones de discos como Aion, en el que las voces de la Europa medieval y del renacimiento reconocen que “la muerte sabe bailar”, Into the Labyrinth, que nos recuerda a la tradición clásica mediante Ariadna que ayuda Perseo a escapar del laberinto y del minotauro; o Serpent’s Egg que explora la influencia de la África negra y del mundo musulmán, pero ante todo turco. Mas Brendan se está encontrando ahora con el folk celta de su querida y desarmada Irlanda, cuya expresión y sentimiento emplea para ponerse tiranetas y criticar el mundo actual que quiere perder el corazón por su empecinamiento de alcanzar el American Dream.
Muy pocas improvisaciones de Lisa, una que otra de Brendan, quien al final de varias piezas decía su “Gracias” intentando ocultar el acento británico.
Sin duda largo y profundo fue el viaje que nos ofreció esta alma dividida en dos pero unida en su dialéctica dionisiaca-apolínea, que deja de ser rígida, inmóvil y gira: la irracionalidad pierde sus fronteras con la racionalidad, dejan de ser bloques divididos, terminados, cuadrados y se hacen una gota que adoptar la forma de lo que es y no deja de reconocer que se trata ante todo del “Enigma of the Absolute”. ¿Será por eso que Lisa canta sin palabras? Un intento de alcanzar la crudeza esencial humana que lucha por sobrepasar los limitantes culturales de las visiones del mundo. Por un momento él dejó de ser irlandés y ella australiana y yo mexicano y nos alzamos o descendimos, como se quiera ver, a lo simplemente humano. What ever...
Tuve la fortuna de presenciar el resurgimiento, después de once años que no hacían giras y de 5 que habían declarado su desintegración en aquella fatídica sesión de grabación del disco que no fue. Dead Can Dance el jueves otoñal 29 de septiembre de aquella semana extrañísima que pasé en los “Defes”.

sábado, 17 de septiembre de 2005

Monólogo polílogo

Sí, también ya me dijiste que la realidad es un acuerdo construido socialmente y que de acuerdo a la física cuántica, esa la de las posibilidades, las concreciones o la solidez de los objetos que supuestamente vemos, son en una mera apariencia, un acuerdo, un decreto que nosotros mismos nos impusimos... Sí, claro que recuerdo cuando me platicaste de la ética dialógica y que niegas la posibilidad de que exista algo que se pueda definir como “lo naturalmente bueno”, porque es una mente consciente la que lo refiere, y al mismo tiempo construye, eso que damos en llamar realidad...
No sé, será que hoy es un mal día, pero no tengo ganas de escuchar esas ondas. El rollo este me da rete harta güeva, especialmente hoy. A mi se me hace que lo que te hace falta es pasar una tarde completa de buen sexo, nada más. Es más hacerlo hasta sería rendirle un tributo a Epicúreo. Sal a la calle, cómprate un guato y fúmate algunos porros, o si te va mejor un gramo y prepárate un par de líneas bien gordas, con eso sería más que suficiente...
No, no, claro que te creo cuando me dices que la ansiedad es producto del mensaje que recibiste... Porque... Sí, pero conocer las causas no te está ayudando a solucionar el problema... Y a ver dime, ¿qué diablos tiene qué ver Habermas con tus rollos? Sería repetir nuevamente la imposibilidad de la redención, tu redención... porque es como si quisieras escribir un cuento, borrando mil veces la primera frase que no te convence, no termina de cuadrarte, no te gusta. ¿Qué diablos me importa como empiece?
Lo mejor sería que no me hicieras caso hoy, vi Happiness de Solondz y la agrurez se me subió a la cabeza... pos ya me conoces, para qué te digo más. Sí, un humor negro muy cabrón. Tomé algunas ideas para la novela... Sí, me gustó mucho pero te hablo de ella porque la reflexión que saqué al final es que algunos de los problemas, la “depre”, la tristeza, la ausencia de sentido, el tan mentado desencanto se debe a que en ocasiones nos sentimos solos y tenemos ganas de coger; o mejor aún creemos estar enamorados cuando nada más tenemos ganas de coger... pero como luego solemos vernos como las grandes complejidades perdemos el foco y buscamos explicaciones donde no las hay... Ya ves, ya me puse tiranetas, me está dando güeva...
¿No será más bien que no acabas de cerrar el círculo? Ya no puedes hacer nada, más que perdonarte... sí, sí, estuvo cabrón, fue muy duro, pero también ya pasó. Ya lo cantó R.E.M. “leaving was never my pride”, pero no tuviste otro recurso, además nadie puede soportar más mierda de la que se da a sí mismo; así que mejor ya no andes con mamadas de que hizo o no hizo. A pesar de tu cansancio pareciera que quieres seguir “desfaciendo entuertos” y peleando contra molinos de viento... allá tu. Igual y puedes convertirte en Sancho Panza...
Decidiste dejar ese centro en el que hacías girar tu mundo porque no había alimento, porque no había una palmadita en la espalda de reconocimiento ni un gracias por esto o esto otro, pero el pedo no era ese, sino haber elegido poner un centro exterior para hacer girar tu mundo. Pero es más ¿a mí qué me importa? es tu rollo. Y si quieres seguir cantando la misma rola hasta te paso la letra, que de tanto oírte, terminé aprendiéndomela: “it’s easier to leave than to be left behind", y si quieres volver a preguntarte la misma cuestión una y otra vez es también cosa tuya: “¿por qué chingados se lo permitiste? ¿Por qué dijiste sí, cuando querías decir que no?” Las respuestas no sirven de nada; puedes seguir inventando otras tantas, pero sería como una computadora que repite la misma acción ad infinitum sin terminar una secuencia de comandos que ya está escrita, sin errores y, lo más importante, concluida. Cuando podría terminar con respuestas tan simples como porque sí, porque fue así, porque ese era en ese momento, y eso me ha hecho ser quien soy ahora.